Hay que dejar ir lo que te duele aunque te duela dejarlo ir
Reflexión

Hay que dejar ir lo que te duele aunque te duela dejarlo ir

El tiempo me enseñó que dejar ir es un acto de bondad hacia uno mismo, es la expresión de amor más sublime porque es en ese momento en que somos capaces de protegernos de cualquier dolor, nos privamos voluntariamente de un sentimiento que nos hiere. 

Y no por eso; somos menos fuertes, al contrario, somos extraordinarios porque entendemos nuestras emociones y en obediencia a las mismas, nos protegemos, nos cuidamos y finalmente nos estrechamos en nuestro cobijo para que nadie nos lastime. 

Y es que lo hacemos todo el tiempo, dejamos recuerdos menos dolorosos en el ayer, dejamos situaciones, personas, lugares, melodías, canciones, poemas y cualquier cosa que sea menos importante; pero estamos en constante transformación agregando y restando cosas a nuestras vidas.

Amistades que vienen reemplazan a las que se van. 

Dejar ir es un continuo constante, es la esencia de la vida que se manifiesta en un proceso circular ascendente, que trae así nuevas experiencias que nos hacen crecer. 

Madurar: es romper con vínculos para crear unos nuevos; es echar de menos a ciertas personas y en su lugar echarnos a nosotros de mas. Si entendemos que el ciclo de la vida es un continúo soltar-aprehender; nos daremos cuenta que solo seguimos un orden.

Los cuerpos en la naturaleza cambian constantemente adquieren nutrientes, y luego desechan aquello que no han de utilizar, luego crecen, se envejecen y finalmente fallecen. El ciclo se repite. 

Así no podemos quedarnos atrapados en etapas del proceso, no podemos aferrarnos a lo que ya no es; ya que si nos aferramos a las prados que ayer caminados y nos obsesionamos con seguir sintiendo las mismas emociones; al final solo no veremos presas del pasado.

No podremos experimentar lo que el hoy trae. 

Vaciar las manos para llenarlas de nuevo.

Hay un dicho que dice, que no se puede llenar un vaso que ya está lleno; y así no se puede dar más a unas manos que están ocupadas. No es posible recibir algo nuevo si aún estás inmerso o inmersa en algo viejo, de poco te vale estar atrapado en lo que el ayer fue si hoy estás perdiendo grandes experiencias. 

Y si es cierto, lo que soltamos no solo es dolor; en algún momento fue alegría, pues apoyo, fueron experiencias gratas, fueron momentos de pasión y de intensos momentos; arrebatos de lujuria y belleza al despertar a la par de la persona amada. En un olor, en el tacto de un ser que nos decía que éramos especiales. 

Pero todo caduca, las cosas se extinguen; la atracción se esfuma, pues lo que alguna vez te trajo alegría hoy puede ya no hacerlo. Hasta comer helado en exceso puede empalagar. Generalmente buscamos seguridad; queremos sentirnos amados siempre, así sea hoy como lo sea en el mañana.

Pero tenemos que aceptar la caducidad de las cosas, existe la llamada ley de transformación de la materia, que dice que nada se crea o destruye; solo se transforma. Y lo mismo pasa aquí, todo está en constante cambio. 

Busca tu propio camino.

Dejar ir es un acto de valentía porque los seres humanos por comodidad nos adherimos a todo aquello que no nos obliga a cambiar o movernos; a veces amar a alguien es en realidad el tramo del camino que no queremos recorrer para amarnos a nosotros mismos. 

Es decir aplazamos recorrer esa vereda porque sabemos que dolerá, nos cambiará y en consecuencia no nos gustará lo que tendremos que experimentar. A veces una relación es solo una excusa para evitarnos a nosotros mismos.

Existe el miedo a uno mismo y en consecuencia el miedo a la soledad.

Tenemos tanto miedo a estar en nuestra propia presencia que la evitamos; con palabras que van desde: “no sirvo, estoy feo, nadie quiere estar conmigo, todas las mujeres me huyen, todos los hombres me engañan”. 

Cada frase según seas mujeres u hombre, nos los decimos, porque sabemos que eso nos mantiene cómodos; hasta el victimismo es una tierna almohada en dónde acostarnos para evitar la responsabilidad de hacernos cargo de nosotros mismos. 

Es por eso que es momento de soltar la mano del otro; es cierto, este; este no guió pero nosotros tenemos que ser capaces de guiar nuestros propios pasos, creer en Dios – quizás – lo cierto es que cuando decimos soltar; es cuando nos aferramos a nosotros mismos. 

Eso da miedo, lo sé; pero solo se pierde el miedo cuando se hace aquello que se teme. 

Escritor y Narrador en Belifers, soy un estudiante común de Ciencia y un poco de Filosofía. Soy la voz en varios de los videos que se hallan en Belifers y aquí publico los artículos que considero interesantes, espero que este espacio te guste.

One Comment

  • Dora. Belgran

    Realmente Hermosso. De gran alluda .Reflexionas.te da paz.fuuerza y te llena de Esperansa para .buscar tu futuro .donde te abrases el alma….Sueño en un cambio para my. Tratare.espero. no quedarme en el intento
    .

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