Hay que dejar ir a quien nunca hizo nada para quedarse, a esas personas de sentimientos de a ratos; efervescentes hay que soltarlos, pues solo nos hicieron perder el tiempo invirtiéndolo en vanas ilusiones. Soltar necesita de mucha fuerza de voluntad; y lejos de verlo como el fin de nuestras vidas, debemos verlo como el inicio de algo mejor. 

En muchas ocasiones nos hemos tenido que ver en la necesidad de renunciar a ciertas cosas; eso último es lo que algunos llama: cerrar círculos, cerrar ciclos o bien; terminar el libro y escribir uno nuevo. 

Si bien es cierto percibir estas cosas de la vida parece ser parte de un mero círculo vicioso en donde se da un giro de 360 grados; la verdad es que si se trata de un ciclo, pero un ciclo de vida que puede cambiar en virtud de nuestras decisiones. 

Empezando por ver esta etapa como un inicio nuevo, como algo que aportará nuevas experiencias a nuestras vidas, a algo que sumará y no restará. 

Cuando hacemos esto, renunciamos a muchas cosas a la vez que le damos la bienvenida a otras. La vida es un continúo constante, que a veces nos llena de alegrías o nostalgias, por lo tanto debemos comprender que así las cosas son y no bajar la cabeza. 

Al principio cuesta aceptarlo, porque nuestro orgullo está en juego, nuestro ego interfiere al punto de hacernos pensar en: revanchas, represalias o segundas partes. Al final todo ese dolor marchitará nuestro ser y finalmente nos consumirá. Será ahí donde tendremos que pensar en soltar. 

Quien juega a perderte, déjale ganar. 

Dejar ir es muchas veces un reto personal que se ejerce sabiendo que la otra persona – con su actitud – juega a perder nuestro cariño, nuestro amor y nuestras mañanas cálidas. Es por eso que si lo hace; hay que dejarle ganar, hay que darle una vida sin nuestra comprensión y/o caricias. 

Soltar, es un acto de valentía pues supone rebelarse contra el sentimiento y hacer caso a la razón:

  • Debemos abandonar a quien nos abandono; y todo lo que con él o ella se fue; recuerdos, cartas, mensajes, llamadas, fotos, sabanas y hasta olores. Si seguimos aferrados a esa persona por medio de un mensaje de WhatsApp o por un canción, jamás la soltaremos realmente. 
  • Cerrar Ciclos es realmente una labor dura porque supone aprender de nuevo a vivir en soledad y en ausencia de la persona que alguna vez amamos o bien; en quien alguna vez confiamos con los ojos vendados. El dolor debe experimentarse, el síndrome de abstinencia vivirse como tal, pero este será un proceso que limpia el alma. Una metamorfosis. 
  • Deberemos de nuevo empezar a cuidar de nosotros de nuevo, entender que nadie más lo hará por nosotros y que sin duda; por mucho que nos empeñemos en aferrarnos a los recuerdos o las promesas, nada de ello servirá de mucho. Solo un amor propio fortalecido será herramienta útil para salir adelante.

Dejar ir sin mirar hacia atrás.

Dejar ir; significa exactamente eso: dejar ir. Lo que supone soltar todo tipo de cosas que puedan alimentar el resentimiento, la revancha o la represalia, tenemos que entender que el amor es tanto como un “deporte de riesgo”, y podemos salir seriamente lesionados si lo jugamos. 

Pues quien te quiere no solo lo habrá hecho al romper tus ilusiones sino también al robarse tu paz mental y apropiarse de tu esencia convirtiéndote en algo que no eres. Una persona te puede dañar, y sólo tú decides si lo sigue haciendo o no. 

Si se lo permites, estará atrapado; atrapada en un sentimiento eterno. Así para perdonar debes tener confianza en ti, entender que todos pasamos por estas cosas; hasta la gente más cauta y cuidadosa, puede ser blanco del dolor que causa una decepción. 

Si nos reprendemos de los sentimientos de rabia; volveremos a un estado de armonía natural. Nuestra alma empezará un proceso de auto sanción y finalmente nuestras emociones negativas se habrán disipado como la niebla cuando se deja ir con la llega de la claridad. 

Ya no; ya no inviertas tiempo en quien no lo merece, no dediques más tiempo a quien ya no está.