¿Amor o miedo a la soledad?, ¿por qué nos envolvemos en una relación de pareja?, ¿lo hacemos porque realmente lo deseamos o sencillamente por huir de algo o de alguien?, ¿de nosotros? miedo a la soledad y dependencia emocional, ambos son dos males que afectan a muchas personas por igual.

Existiendo relaciones que se basan única y exclusivamente en la necesidad de uno de tener compañía; a veces por estatus social, a veces por la sensación de desamparo que produce vivir sin dormir con otro.

Sin embargo, ¿por qué es malo involucrarse con un amor simplemente por fobia?

Miedo a la soledad y dependencia emocional

Primero que nada hay que entender que las relaciones que se construyen a partir de una fuerte necesidad de apego tienen fuertes influencias en el desarrollo de la persona que padece una necesidad enfermiza por emparentarse con otra persona.

Es decir, existe la madurez, que puede definirse como la capacidad del ser para depende de si mismo y valerse de sí mismo, en otras palabras; cuando una persona puede ser responsable de sus decisiones y vivir sin necesitar emocionalmente de nadie; podemos decir entonces que ha alcanzado el estado de madurez, en tanto que ya no es un “niño” que dependa de sus padres.

Sino que es un adulto independiente y autónomo.

Así la dependencia emocional puede ser: “la situación de la persona que no puede valerse por sí misma”.

Si esto lo ponemos el contexto de una persona que no puede caminar, entendemos que esta persona se debe valer del apoyo de otras personas para vivir.

En el plano emocional, significa entonces que una persona necesita de otras para vivir, ser feliz y realizarse como ser humano. Y al igual que el ejemplo de la persona que no puede caminar; una persona dependiente emocionalmente deberá someterse a terapias que le permitan volver a andar sobre sus propios pies. Es ahí donde entendemos que la mejor terapia es aprender a hacer aquello que tanto tememos.

No tengas miedo a la soledad

No tener miedo a la soledad, no siempre implica la ausencia de miedo. Sí, parece paradójico, porque buscamos deshacernos de aquello que nos impide madurar. Sin embargo, la soledad es lo que realmente permite ganar mucha autonomía, por las siguientes razones:

  • Vivir para el Yo; en vez de “para otro”: La soledad en si misma provee la capacidad de ser personas cuyas decisiones no se vean viciadas por otros. En un contexto social, podemos vernos prisioneros por la opinión ajena.

El mantener una imagen para seguir recibiendo la aprobación y los elogios de otros, puede ser una dulce prisión, así; cuando estás solo y nadie aprueba o desaprueba tus actos y decisiones, aprendes a vivir en tu más pura esencia. Experimentas la autenticidad del yo en su máxima expresión.

  • Vivir para ti: cuando aprendes a vivir en soledad, entiendes un concepto interesante que te acompaña en tu viaje de soledad: la invisibilidad. De pronto ya no eres relevante para nadie y nadie importa qué decisiones tomes.

De pronto notas que ya no eres el centro del universo, y que las decisiones que tomes no afectarán a nadie. Esto puede sonar un poco “frívolo”; pero cuando te das cuenta que no eres el centro de atención del universo, aprendes a tomar decisiones que abogan por tu satisfacción en vez de la de los demás; de pronto ya no eres prisionero de la opinión de otros.

Sin Miedo a la Soledad es Igual a Sin Miedo al Amor.

Lo que nos arrastra a una relación dañina puede ser en muchas ocasiones el miedo a la soledad; pero si ya no le tenemos miedo a la soledad, poco miedo le tendremos al amor, ya que una fobia alimenta a la otra.

Por un lado; corremos desesperados huyendo de nuestra presencia, y nos entregamos como bellos ciervos a relaciones tóxicas, alimentando el miedo al amor. Estamos en Jaque, en soledad no podemos estar; y menos en relaciones de pareja, porque en ambos espectros sufrimos.

Al final se vuelve una lucha no por vivir mejor; sino por vivir menos peor. Así solo haciendo lo que tememos, podremos dejar de entregarnos a malos amores y así; sólo así superar los dolores propios del corazón.